miércoles, 14 de abril de 2010

Calesita

Caminás cada día más rápido, balanceándote a un lado y al otro a cada paso, pingüinita feliz de brazos abiertos que agitan el aire. Avanzás como un esforzado tractorcito señalando todo con manos y gritos y yo te sigo desde atrás, dejándote explorar, zapatillitas rojas que descubren el mundo, ojitos inquietos que ven, que comprenden, que se maravillan con una paloma, con una pelota que pasa, con una bicicleta.

Ya cruzaste toda la plaza y llegaste, vos sola, a la calesita. Entonces nos subimos, vos en el caballito y yo a tu lado, y es como entregarme a un ritual de infancia compartida, un ritual que ahora vivo desde el otro lado, desde el lado de padre.

Intercambiamos gestos de sorpresa, la tuya genuina, la mía alentadora, dulcemente impostada. La calesita empieza a andar y nos embarca en un viaje circular de música y de viento. Nos perdemos en el tiempo y veo agradecido como tu sonrisa crece como la mañana.

Desde el vaivén del caballito blanco y celeste, como flotando en un sueño, me dejás descubrir en tus ojos el secreto íntimo de la inocencia, la infinita sutileza de la que sólo son capaces los niños.Y en esa ternura que apenas dura un segundo, me revelás la felicidad. Una felicidad simple, sencilla, y por eso honda. Indescriptible si no es a través de esa risa poblada de dientes recién nacidos, de esa mirada cómplice llena de luz.

3 comentarios:

  1. Hermoso relato... no hay nada mas lindo que lo puro!

    Ahora te toca otro rol en la calesita, pero nunca te olvides de esas tardes en la plaza Las Heras en esa calesita.... en la cual nunca pude agarrar la sortija aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!!

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  2. Mi nieta crece, cruza la plaza y se anima al caballito...
    y con tus ojos primerizos y admirados ves sus nuevas formas de expresión...
    Qué metejón pibe!!!

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