jueves, 25 de febrero de 2010

El río fantasma

Desde que Buenos Aires es la reina del plata, cuando los porteños hablan del río hablan, claramente, del Río de la Plata. Sin embargo, existen, como se pudo comprobar en los últimos días, otros ríos que, celosos por las décadas y los siglos de postergación, manifiestan su enojo de distintas maneras.

Estamos hablando, puntualmente, del río que corre por la avenida Juan B. Justo. Se me dirá, desde la empiria más enana, que tal río no existe, y acto seguido se me explicará que lo que en realidad corre por las entrañas de la avenida es el arroyo Maldonado entubado. Pero, como muchas veces sucede, la interpretación apresurada y simple de la realidad no siempre se corresponde con la realidad misma. El mundo tiene misterios que no son tan fáciles de explicar y menos de digerir, y el del río fantasma que fastidia a los porteños que lo han lapidado es claramente uno de ellos.

En efecto, el Maldonado está entubado debajo de la Juan B. Justo. ¿Y qué es un arroyo entubado sino un arroyo muerto? Como el fétido Hades, que transportaba en su oscuridad subterránea a los muertos del antiguo mundo griego, el Maldonado agita su alma desdichada en su sepultura de cemento y, como pasa con muchos célebres muertos olvidados, a veces se escurre de su tumba y manifiesta en forma fantasmal y enojosa.

Es entonces cuando empiezan a experimentarse fenómenos que escapan a la cotidiana realidad de 2 más 2 es 4. Si uno se toma el trabajo de caminar por la Juan B. Justo, notará que hay ciertos indicios que confirman que el arroyo nunca se ha ido del todo y que su espectro, transformado en río, se ha adueñado de la avenida sin que lo veamos.

Lo primero que se siente es la humedad. Las casas de la zona tienen humedad, el musgo crece en el cordón de la vereda e incluso los propios zapatos y las medias de los transeúntes se ponen pesados después de caminar pocas cuadras. Otra prueba irrefutable del extraño carácter fluvial de la avenida son los mejillones que crecen en la base de los semáforos y los caracoles que se adhieren a los postes de alumbrado público, por no hablar de los cangrejos que se han encontrado a la altura de Paraguay.

Por otro lado, un buen observador puede darse cuenta de que la vegetación que crece en las veredas y en los balcones es llamativamente tupida, demasiado para esta Buenos Aires de cemento y humo, sin hablar de lo extraño que resulta ver a las gaviotas posadas en los cables o sobrevolando los techos de los autos. Algunos vecinos cuentan que si uno se queda parado durante un rato en ciertas esquinas, empieza a sentir en las piernas los mordisqueos juguetones de los peces que van y vienen entre la gente que vive ignorando todo.

Donde hay asfalto se debe ver un río, esa es la realidad de Juan B. Justo. El fantasma está ahí y se resiste a morir del todo. En los días de lluvia, el Maldonado aprovecha para tomar cuerpo disimuladamente y volver a ser quien era. Entonces el agua brota de los mismos poros del cemento, sube en cuestión de minutos e inunda gozosa casas y sótanos que alguna vez fueron su lecho. Los vecinos lo saben e incluso algunos, que le vieron la veta comercial a la cuestión, ya están preparados.

El otro día, en pleno diluvio, sorprendió ver a un par de chicos con un gomón en la intersección con Santa Fe. Iban y venían de esquina a esquina cobrando 2 pesos a la gente para cruzarla. Los periodistas, que no conocen la historia del fantasma y trataban de explicar la inundación hablando de los sumideros tapados, mostraban la avivada con indignación. Los chicos tomaron nota de la cantidad de móviles de televisión que los enfocaban y para la próxima ya tienen equipado el bote con un cartel con publicidad. Ellos saben que la historia se repetirá porque conocen la río.

Como en todo, están los que creen en el fantasma y los que no. Yo ahora me voy a caminar por las callecitas de Juan B. Justo para ver si el aire ribereño me inspira o si encuentro una linda valva de caracol para regalarle a mi novia.

1 comentario:

  1. Un cuento divertido, instalado en el “realismo mágico” creado por el Gabo.
    Pero vuelve a aparecer el fantasma (…está ahí…) y es una pulsión que brota, indómita e inexorable, como el “Río Maldonado”. Pero sabías que en su historia fue una valiente y amorosa mujer llamada La Maldonado, curioso no?
    Ya que, sin saber, le escribiste… será para ella la valva de caracol?

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