miércoles, 14 de octubre de 2009

PIES DESCALZOS

No hay caso. Helena se resiste a todo tipo de calzado. Uno pone todo su empeño en civilizarla, pero ella espera cualquier descuido para volver a la naturalidad de los pies desnudos.
Probamos con todo tipo de zapatillas: con cordones, con abrojo, con elástico, pero ella siempre encuentra la forma de sacárselas. Y después le siguen las medias. Hay que ver el empeño, la dedicación que pone en sacarse las medias. Una vez que liberó a sus pies de las prisiones acordonadas, los junta y con una concentración admirable, como quien busca hacer fuego a través de la fricción, empieza a frotar las plantas a toda velocidad una con otra. Lógicamente, las medias empiezan a ceder, y cuando ya asoman sus puntas vacías, remata la operación sacándoselas de un tirón con las manitos.
Una vez descalza, el mundo es suyo. Yo lo sufro, pero también lo veo como un hermoso signo de rebeldía. ¿Para qué las zapatillas si yo todavía no camino? Para caminar, mi amor. El huevo o la gallina.
Le encanta. Ahora anda por ahí, exhibiendo con orgullo esas dos empanaditas de copetín que tiene por pies. Tal vez sepa que no hay nada más lindo que los pies de bebé y por eso presume. ¿Es posible que siendo tan chiquita ya sea presumida? Como padre se me cae la baba pensando en eso.
Pero claro, en este mundo todo tiene su precio. Y, en este caso, el precio de la libertad son los mocos. Si anda todo el día descalza, no hay forma de que no se resfríe. Sin embargo, ella paga ese precio orgullosa. No le importan los mocos, o le importan menos que las zapatillas.
Seguramente, cuando sea adolescente se va a dejar fascinar como cualquier mujer por el mundo de los zapatos. Pero ese momento (por suerte) todavía no llegó. Por ahora anda por la vida con las patas al aire, como un manifiesto de libertad. Y se la ve feliz.

2 comentarios:

  1. Y si, pensa que esta bueno andar descalzo conectandote sensorialmente con las superficies. Aparte ya viene el verano y los mocos van a ceder. Por otro lado nosotros siempre añoramos las cosas que haciamos cuando eramos niños, asi que es bueno que no pierda eso... a veces se extraña caminar descalzo por el pasto!

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  2. Sin ir más lejos yo hago lo mismo, el problema es que cuando lo hago el olor a pata que emanan mis pies (que más que una empanadita de copetín parecen dos mortadelas) es tal que me resfrío porque hay que airear la casa abriendo las ventanas , me cago de frío y además me cagan a pedos.

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