A pesar de que por todos lados van pregonando que empezó la primavera, hoy el día amaneció helado y yo ando con una tristeza de otoño.
No sé si será justamente por el frío diáfano de esta mañana, pero tengo el alma suspendida, como en silencio.
Anoche estuve con mis amigos. Tomamos vino y comimos empanadas para agasajar a El Chacha, que nos visita por esta semana. La reunión claramente tenía como finalidad que él nos contara en vivo y en directo todo aquello que siempre queda afuera de los mails. Sin embargo, tal vez por un exceso de expectativas de nuestra parte, pronto caímos en la cuenta de que no había mucho más detrás de las tres palabras clave de un joven autoexiliado en Estados Unidos: trabajo, esfuerzo y sacrificio.
El Chacha nos contó de sus logros, de lo que todavía le falta, de lo duro que es a veces remarla solo. También nos trajo a la mesa la experiencia de unos amigos argentinos que se hizo en Boston. Ellos están casados, tuvieron un bebé y se enfrentaron al gran dilema: o se quedaban allá, y le daban a su hijo una calidad de vida que en nuestro país no pueden darle, o se volvían a la Argentina y priorizaban el afecto de la familia, de los tíos y los abuelos que allá no tienen. Ellos eligieron seguir en Estados Unidos, y según El Chacha lo padecen.
Como era lógico, en seguida cayó la bomba: "¿Y vos qué harías en esa situación?". Pero El Chacha no dudó. Coherente con la historia de esfuerzo y dedicación que nos había relatado minutos antes, nos dijo que no piensa volver. Tal vez porque ya invirtió demasiado en ganarse un lugar allá, pero fundamentalmente porque las expectativas de una buena vida acá son casi nulas. Como una esperanza débil, quedó flotando en el aire la posibilidad de que el amor de una argentina lo haga cambiar de idea, pero por ahora esa argentina no existe y ese regreso para quedarse parece muy lejano.
Joni, otro de los amigos que estaba en la reunión, escuchaba atento. Él también está evaluando irse. Justamente ayer contó que por la tarde un grupo de ladrones armados había asaltado una oficina donde estaban su novia y sus suegros. Dijo que nada lo ata al país y que están charlando la posibilidad de probar suerte en otros lados, sobre todo por sucesos como ese.
Yo me quedé callado. Me dio tristeza -tal vez la tristeza con la que amanecí hoy- saber que dos amigos míos, dos personas muy capaces, no ven futuro en el país. Y lo peor es que esa visión es más común de lo que parece entre las personas de mi generación.
Hoy amanecí callado, el sol frío inundaba el living. Y mientras pensaba en lo de anoche, me vino a la mente la hermosa letra de "Serenata para la tierra de uno". Allí María Elena Walsh escribió: "Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy". Y esa es la sensación.
La primavera acaba de empezar. Buenos Aires es un lindo lugar para vivir. Sé que los voy a extrañar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario